Tiempos modernos: UAEM, el momento más delicado
Como he sostenido a lo largo de estas páginas, la ausencia de una regulación clara, expresa y exigible sobre el papel de las y los consortes del titular del Poder Ejecutivo Federal constituye una omisión normativa de fondo que favorece la ambigüedad institucional y abre espacios propicios para la simulación. No se trata de un vacío menor ni meramente protocolario: es un punto ciego del diseño constitucional que permite la actuación fáctica sin responsabilidad jurídica, la influencia sin control y el ejercicio de prerrogativas sin sujeción a reglas de transparencia o rendición de cuentas.
Esta laguna adquiere especial gravedad cuando se contrasta con discursos políticos que hicieron de la llamada “austeridad republicana” un eje de legitimación moral y diferenciación frente a administraciones anteriores. La promesa de sobriedad, congruencia y apego estricto a la legalidad no puede sostenerse si, en los hechos, se toleran prácticas que reproducen —aunque bajo nuevas formas— los mismos esquemas de opacidad y privilegio que se afirmaba combatir. La narrativa pública, en estos casos, no sólo se debilita: se vacía de contenido
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